Una lente de contacto inteligente: una posible herramienta para las personas con aniridia

La aniridia es una enfermedad ocular poco frecuente en la que el iris no se desarrolla completamente. Sin embargo, no afecta únicamente al iris, sino que puede producir alteraciones en diferentes estructuras del ojo, como la córnea, el cristalino, la retina o el nervio óptico. Por este motivo, las personas con aniridia pueden presentar problemas como cataratas (opacificación del cristalino), glaucoma (presión intraocular), nistagmo (movimientos involuntarios del globo ocular) o sequedad en la superficie ocular. Uno de los síntomas más característicos es la fotofobia o sensibilidad excesiva a la luz, acompañada con frecuencia a una disminución de la calidad visual. Esto se debe, entre otros factores, a que el iris dañado no puede regular adecuadamente el tamaño de la pupila (orificio del globo ocular a través del cual entra la luz) y, en consecuencia, no puede regular la cantidad de luz que entra en el ojo.

Un grupo de investigadores ha propuesto una novedosa solución para intentar compensar esta función: una lente de contacto “inteligente” que incorpora un “iris” artificial. La idea es desarrollar una lente capaz de modificar automáticamente el tamaño de una pupila, de forma artificial, dependiendo de la cantidad de luz existente en el ambiente, imitando así una de las funciones principales de un iris sano.

El dispositivo se basa en una lente de contacto escleral, un tipo de lente de mayor tamaño que las lentes de contacto convencionales. En lugar de apoyarse directamente sobre la córnea, lo hace sobre la zona blanca del ojo, denominada esclera. Esta característica puede resultar especialmente interesante para las personas con aniridia, por los posibles problemas que presentan en la superficie ocular.

La principal innovación de este dispositivo consiste en incorporar dentro de esta lente una serie de componentes electrónicos y unos pequeños anillos de cristal líquido que funcionan como un iris artificial. Un sensor detectaría la cantidad de luz ambiental y el sistema activaría automáticamente estos anillos. Ante una iluminación intensa, la pupila artificial podría hacerse más pequeña para reducir la cantidad de luz que entra en el ojo. De este modo, el dispositivo pretende adaptarse a los cambios de iluminación de una manera similar a como lo hace un iris sano.

Esta reducción del tamaño de la pupila artificial podría tener dos beneficios principales. En primer lugar, disminuiría la cantidad de luz que llega al interior del ojo, lo que podría ayudar a reducir la fotofobia y el deslumbramiento. En segundo lugar, podría mejorar la calidad de la visión.

Actualmente, este prototipo de lente está en estudio, por lo que  no debe considerarse todavía un tratamiento para la aniridia, sino una nueva línea de investigación que sigue viva para proporcionar avances sobre el manejo de la enfermedad.

Referencias:

A. Vásquez Quinteroa, P. Pérez-Merino, A.I. Fernández García y H. De Smet. Lente de contacto inteligente: una prometedora herramienta terapéutica en aniridia. Archivos Sociedad Española de Oftalmología (2021; 96 (S1): 68-73.  

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